sábado, 17 de septiembre de 2016

"Dios es el verdadero propietario de todo el Universo"

Monseñor Joao Scognamiglio Cla Dias, EP, comenta el Evangelio del  25º Domingo del Tiempo Ordinario, Año C (Domingo 18 de septiembre).

[...] “Quien es fiel en lo poco también es fiel en lo mucho; y quien es injusto en lo poco también  es injusto en lo mucho. Si no fuisteis fieles con las riquezas inicuas, ¿quién os confiaría las verdaderas? Y, si no fuisteis fieles con lo ajeno, ¿quién os dará lo que es vuestro? Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, odiará a  uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis  servir a Dios y al dinero”.
Algunos autores le dan a estos cuatro versículos el título de “apéndices parabólicos sobre las riquezas”. Las tres máximas en ellas contenidas son de fácil comprensión y evitan largas consideraciones.
Es de destacar que Jesús no condena la propiedad privada, pero la toma como siendo un bien a ser administrado temporalmente en función de la vida eterna.
El hombre no pasa de ser un simple administrador. Dios, es el auténtico propietario. Si esta distinción es ignorada por el hombre, termina por violar la supremacía de Dios en cuanto Señor de todo lo creado, ingresando así, en la injusticia.
“Las riquezas existentes en esta tierra no son propiedad absoluta del hombre. Él es administrador de esos bienes de Dios. Debe, entonces, ser fiel en ellos. Es la expresión externa de su fidelidad. Así recibirá los ‘propios' que, en este contexto, por la contraposición establecida, parecen referirse a dones espirituales que Dios, en compensación por esa fidelidad requerida para los otros, concede en abundancia al discípulo".


Las expresiones: "riquezas verdaderas" y  "lo que es vuestro"  se refieren a los bienes sobrenaturales, los dones de la gracia, los únicos eternos y absolutos.
Sobre el último versículo, San Mateo lo coloca a lo largo del Sermón de la Montaña y en una formulación casi idéntica: “Nadie puede servir a dos señores, porque o,  ha de odiar a uno y amar al otro, o ha de apegarse a uno y despreciar al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mt 6, 24). Tanto en Lucas como en Mateo,  “se impone la tesis y se da la razón de no poder servir a dos señores: a Dios y a las riquezas. Naturalmente, entendido en el sentido del apego a ellas o en una adquisición o uso reprobable de ellas”.
En los versículos finales, el Divino Maestro se manifiesta como el Heraldo del desprendimiento de todo lo perecedero. No es ilícito guardar los bienes en un cofre, lo que no podemos es atesorarlos en nuestros corazones.




(CLA DIAS, Monseñor Joao Scognamiglio in “Lo inédito sobre los Evangelios”, Librería Editrice Vaticana).


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