sábado, 4 de marzo de 2017

Comentario al Evangelio del Domingo I de Cuaresma (domingo 5 marzo)

por Monseñor João Scognamiglio Clá Dias, EP.
[...] Debemos estar preparados para las intervenciones de Dios en la Historia
Al explicar el Evangelio de esta Liturgia, casi todos los doctores, exegetas y espiritualistas se concentran en la necesidad de ser vigilantes en todo instante,  sea en la perspectiva de la muerte y del juicio particular, sea en la del fin del mundo y del Juicio Final. En vista de lo anterior, se puede conjeturar que Nuestro Señor Jesucristo quiso advertirnos a cada uno de nosotros al respecto de las intervenciones de Él en la Historia. A propósito de la situación del mundo, en los lejanos años  de 1950 escribía el  profesor Plinio Corrêa de Oliveira: “Hoy, por ejemplo, ¿el Vicario de Cristo no es desobedecido, abandonado, traicionado?  ¿Las leyes, las instituciones, las costumbres  no son cada vez más hostiles a Nuestro Señor Jesucristo? ¿Y que la Santísima Virgen habló en Fátima indicando todos estos pecados  y pidiendo penitencia?”
El triunfo del Sapiencial e Inmaculado Corazón de María


Es muy importante destacar que, en relación al gobierno de Dios sobre los acontecimientos humanos, la vigilancia nos debe conducir a esperar con alegría y avidez el triunfo espectacular del Sapiencial e Inmaculado Corazón de María, la llegada de ese período extraordinario de la Historia anunciado por Nuestra Señora en Fátima, “este tiempo feliz y ese siglo de María, en el cual incontables almas escogidas y obtenidas del Altísimo por medio de Ella, perdiéndose a sí mismas en el  abismo de su interior, se harán copias vivas  de María, para amar y glorificar a Nuestro Señor Jesucristo”. [...]
¡Permanezcamos vigilantes, en la expectativa de esa victoria de la Santa Iglesia! Vigilar significa nunca ceder a nada que el demonio pueda proponernos. Vigilar significa estar atentos, con los ojos abiertos, analizando bien de dónde vienen los peligros. Vigilar significa arrancar enérgicamente, sin concesiones, cualquier raíz del  pecado que haya en nosotros.  Todo lo que implique riesgo para la salvación eterna y para nuestra santificación debe ser cortado, haciendo todo el esfuerzo para perseverar en el camino de la perfección, en vista a no atrasar el día magnífico en que la Santísima Virgen dirá: “¡Mi Inmaculado Corazón triunfó!”.

(Clá Dias EP, Monseñor João Scognamiglio in “Lo inédito sobre los Evangelios”, Tomo I Librería Editrice Vaticana).

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