martes, 7 de agosto de 2018

Realizado el XIV Congreso Internacional de Cooperadores de los Heraldos del Evangelio

Realizado entre el 27 y el 29 de julio en el municipio de Caieiras, en el Estado de Sao Paulo, al norte de la ciudad homónima. Contó con la asistencia de más de 1500 participantes de numerosos países de América, Europa y África.
Las actividades se centraron en el tema de la familia y en el convivio verdaderamente católico, que se resume en una frase “Vivir es estar juntos, mirarse y quererse bien”.
Las misas que se celebraron diariamente tuvieron como imponente marco la Basílica“Nuestra Señora del Rosario de Fátima” de estilo neogótico,

localizada junto al seminario internacional de los Heraldos del Evangelio.










Conferencias, círculos de estudio, obras de teatro ilustrativas hicieron breves los tres días del XIV Congreso Internacional de Cooperadores de los Heraldos del Evangelio. Un ameno entorno familiar caracterizó estas intensas jornadas.
Los Cooperadores de los Heraldos del Evangelio, son personas de ambos sexos, casados o solteros, que participan del carisma de esta asociación fundada por Monseñor Joao S. Clá Dias, EP en sus respectivos ambientes, que trabajan en pro de la Iglesia, y del papado, llevando una vida intachable y siendo un modelo y aliciente para el prójimo. Entre sus múltiples labores se destacan la activa colaboración con las parroquias en sus lugares de residencia.
Monseñor Joao Clá envió un emotivo mensaje a los participantes, del Congreso que transcribimos a continuación:
Monseñor Joao Scognamiglio Clá Dias, EP

"Si es verdad que ante Dios el sufrimiento de los fundadores tiene algún valor especial en relación a sus discípulos, yo le hago a Él esta oración: Señor,  por María Santísima, permitid que del cáliz de mis dolores, vos reservéis una parte muy importante para estos hijos e hijas míos de la Orden Tercera [Cooperadores].
Mis estimados, mis hermanos, mis amigos, mis hijos; es grande la misión que nos fue reservada.
Sé que son enormes las dificultades, las pruebas, las luchas y las tentaciones por las cuales pasáis, a decir verdad, a cada minuto de vuestras vidas.
Pero hoy, hijos míos, soy yo quién os hace un pedido: ¡unid todos vuestros sufrimientos a los míos! ¡Vamos, carguemos juntos la Cruz Gloriosa que fue puesta en nuestros hombros! Y tengo la certeza de que con mis oraciones y sacrificios yo procuraré ser vuestro Cirineo;  y yo os prometo - o mejor yo os repito - la antigua promesa: Si fúeseis fieles, al fin veremos unidos y juntos el Triunfo del Sapiencial e Inmaculado Corazón de María.
De aquel que os estima como no imagináis y se alegra de sufrir por vosotros”.  Monseñor Joao