viernes, 23 de junio de 2017

COMENTARIO AL EVANGELIO - XII DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO por Mons. João Scognamiglio Clá Dias, EP

(domingo 25 de junio)
[...] ¡Mañana todo se sabrá!
Harto conclusivas son estas dos promesas de Nuestro Señor de cara a la gloria futura o al castigo. Realmente vale la pena sufrir como san Pablo: “En peligro de muerte, muchas veces. Cinco veces recibí de los judíos cuarenta azotes menos uno. Tres veces fui azotado con varas; una vez apedreado; tres veces naufragué; un día y una noche pasé en el abismo del mar” (2 Cor 11, 24-25). El apóstol describe muchos otros riesgos y tragedias en esa epístola; y más adelante relata que él “fue arrebatado al paraíso y oyó palabras inefables que no es dado al hombre pronunciar” (2 Cor, 12,4).
III – CONCLUSIÓN
En ese panorama futuro y eterno debe fijarse nuestra mirada, y no en las delicias fatuas y pasajeras de esta vida, aun cuando sean legítimas. Del pecado ni hablar, porque tendrá como consecuencia inmediata la frustración, y el fuego del infierno después de la muerte.
Los dolores, las angustias y tragedias que atravesamos en nuestra existencia terrenal no son nada comparadas al premio de los justos, como garantiza san Pablo: “Porque estimo que los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros” (Rm 8,18). Nos queda recordar el indispensable papel de María en nuestra salvación. Pues, así como Jesús vino a nosotros por María, también por medio de ella obtendremos las gracias necesarias para ser otros Cristos y alcanzar la vida eterna.

(Mons. João Scognamiglio Clá Dias, EP in “Lo inédito sobre los Evangelios” tomo I. Librería Editrice Vaticana).
Texto completo en: COMENTARIO AL EVANGELIO - XII DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO (domingo 25 de junio)


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