domingo, 9 de julio de 2017

Y con una vara, le golpeó...

En uno de los monasterios que San Benito había construido en los alrededores, había un monje que durante la oración no podía quedarse en su lugar, sino que en cuanto los hermanos se inclinaban para entregarse a la oración, él salía afuera, y con la mente distraída se entretenía en cosas terrenas e intrascendentes. Habiendo sido advertido reiteradas veces por su abad, fue llevado al hombre de Dios quien a su vez lo reprendió duramente por su necedad. De regreso al monasterio, apenas si se acordó durante dos días de la amonestación del hombre de Dios; al tercero volvió a su antigua costumbre, y otra vez empezó a dar vueltas durante el tiempo de la oración. El asunto fue comunicado al servidor de Dios, por el padre que él había constituido para esta casa. San Benito dijo: “Yo iré y lo corregiré personalmente”.
El hombre de Dios llegó al monasterio, y a la hora fijada, concluida la salmodia, los hermanos se aplicaron a la oración. Entonces observó que un negrito arrastraba hacia fuera por el borde del vestido a aquel monje que no podía permanecer en la oración. San Benito, al ver esto les dijo secretamente al padre del monasterio, de nombre Pompeyano, y al servidor de Dios Mauro: “¿No ven quién es el que arrastra hacia afuera a este monje?”. A lo que ellos respondieron: “No”. Les dijo: “Recemos, para que también ustedes vean a quién sigue este monje”. Después de haber orado durante dos días, el monje Mauro lo vio, pero Pompeyano, el padre del monasterio, no pudo verlo.
Al día siguiente, terminada la oración, el hombre de Dios salió del oratorio, sorprendió al monje que estaba afuera, y para curar la ceguera de su corazón le golpeó con una vara. A partir de aquel día, el monje ya no sufrió de ningún modo el engaño del negrito, sino que permaneció sin moverse durante la oración. Así, el antiguo enemigo ya no se atrevió a influir en su imaginación, como si él mismo hubiera recibido el azote.
Fuente original: De la vida y milagros de San Benito, por San Gregorio Magno, Papa.
Publicado en: Revista "Heraldos del Evangelio". No. 168, julio 2017.

sábado, 8 de julio de 2017

Comentario al Evangelio – XIV Domingo del Tiempo Ordinario por Mons. João Scognamiglio Clá Dias, EP

[...] ¡ENTREMOS EN ESA ESCUELA!
Hemos de cuidar, pues, de no constituir en falsos dioses a la técnica, la salud, el dinero, los estudios o las capacidades personales. ¡Nada de idolatría ni de orgullo! El que establece divinidades para sí mismo, olvidándose del único Dios, se vuelve ciego de Dios. Éste mal es peor que la pérdida de la vista, ya que quien lo padece termina por no entender las verdades que el Padre sólo revela a los pequeños. ¿De qué le sirve a una persona participar en una carrera, habiéndose preparado para conseguir la máxima velocidad, si cuando el juez de salida da la señal avanza a toda prisa fuera del circuito y en la dirección equivocada? Es lo que le pasa al infeliz que se presenta ante el supremo Juez —¡mejor lo hiciera con las manos vacías!— con las manos manchadas de orgullo e idolatría.
El joven rico, por ejemplo, fue aparentemente un pequeño, que acabó tirándose al precipicio de la idolatría. Menos ilustrado que los Apóstoles, porque no formaba parte de los seguidores de Jesús, debía, por lo tanto, mostrarse más pequeño que ellos. Sin embargo, su extraordinario aprecio por los bienes que poseía lo llevó a no dar oídos a la promesa del Señor: “tendrás un tesoro en el Cielo” (Mt 19, 21). Fue invitado y lo rechazó porque no quiso ser pequeño...
Por el contrario, el que se entrega por completo y entra en el discipulado de Cristo, abrazando su yugo, siente enseguida cómo éste es suave y ligero. Las leyes que Él estipula proporcionan el anhelado descanso, perfeccionan la inteligencia, fortalecen la voluntad, templan y requintan la sensibilidad. Nos dan, sobre todo, la oportunidad de alcanzar la felicidad para la cual hemos sido llamados: la santidad.
Seamos humildes como el Señor Jesús es la Humildad, manso como Él es la Mansedumbre, buscando en todas las cosas ser santos como Él es la Santidad. En la práctica de esas virtudes, a ejemplo del divino Maestro, encontraremos la paz y la santa alegría para nuestras almas.

(Mons. João Scognamiglio Clá Dias, EP in “Lo inédito sobre los Evangelios”, tomo I, Librería Editrice Vaticana)
Texto completo en: Comentario al Evangelio – XIV Domingo del Tiempo Ordinario

COMUNICADO DE ESCLARECIMENTO DE LOS HERALDOS DEL EVANGELIO

En el día de hoy, 7 de julio de 2017, ha aparecido en los medios de comunicación sociales de los Heraldos del Evangelio, una publicación con el siguiente título: Manifiesto Denuncia – ¿Visita canónica o inquisición farisaica? – ¡Quieren destruir la Iglesia y esto no lo podemos permitir!
Queremos aclarar que este texto es de responsabilidad única, exclusiva y personal de su(s) autor(es), cuya identidad todavía desconocemos. No representa el pensamiento de los Heraldos del Evangelio, y fue divulgado sin el conocimiento de su dirección, sirviéndose indebidamente de la plataforma informática de la Entidad. Se han puesto en marcha las debidas medidas para investigar y aclarar lo ocurrido y, con todo el respeto a la libertad de opinión, disociar los puntos de vista individuales, con la posición de nuestra Institución.
Padre Hamilton José Naville, EP
Coordinador de prensa y media social de los Heraldos del Evangelio
Fuente: Noticias Católicas Uruguay 


viernes, 7 de julio de 2017

Madres comprometidas - Mons. Pablo Galimberti (Obispo de Salto)

Las que que plantearon a la Directora del IPOLL autorización para ofrecer una charla sobre Sexualidad y Afectividad a estudiantes de 5º y 6º del Bachillerato Biológico.
Muchas veces escuchamos quejas de maestras o docentes porque la madre o el padre son reacios a las convocatorias de la escuela o liceo de sus hijos. Estas madres eligieron el camino directo y se presentaron a la dirección. El principal

jueves, 6 de julio de 2017

SALTO: LAS AGUAS BAJAN TURBIAS

por Monseñor Jaime Fuentes (Obispo de Minas, Uruguay)
Este 5 de julio permítanme [...] referirme a lo que ha sucedido en Salto. La directora de un liceo público autorizó a un grupo de madres a dar un taller sobre sexualidad a alumnos de quinto y sexto año de secundaria. Lo hicieron porque están preocupadas, ya que en la formación que reciben en el liceo los chicos y chicas, no se contempla la dimensión afectiva de la persona, sino solamente la cuestión biológica. Naturalmente, en el taller salió el tema del aborto, pero no fue el tema central.

martes, 4 de julio de 2017

Site de la Arquidiócesis Primada del Brasil publica Nota de Aclaración de los Heraldos del Evangelio

Salvador (Lunes, 03-07-2017, Gaudium Press) El site de la Arquidiócesis de Salvador de Bahía, Brasil, ha publicado una Nota de Aclaración firmada por el P. Alex Barbosa de Brito, de los Heraldos del Evangelio, acerca de "vídeos y noticias en los que se quiere involucrar el nombre de los Heraldos, el de su Fundador, y el de una supuesta visita apostólica". El texto fue redactado con ocasión de la fiesta de los apóstoles Pedro y Pablo, el pasado 29. A continuación el texto de la comunicación:

domingo, 2 de julio de 2017

Comentario al Evangelio –XIII Domingo del Tiempo Ordinario, por Mons. João Scognamiglio Clá Dias, EP

[...] La adhesión al Señor acarrea lucha
En este contexto se comprende mejor la advertencia del Divino Maestro, mencionada anteriormente: “No penséis que he venido a la tierra a sembrar paz: no he venido a sembrar paz, sino espada” (Mt 10, 34). Si pertenecemos al mundo, no causamos extrañeza en los círculos sociales y somos aceptados con naturalidad. Sin embargo, a partir del momento en que cambiamos de conducta y adecuamos la vida a la Ley de Dios, pasamos de la paz a la espada. Se rompe esa imbricación con nuestro ambiente y nos convertimos en una piedra de escándalo, a semejanza del Divino Maestro (cf. Lc 2, 34), porque la observancia de las reglas de la moral constituye un “non licet tibi —no te es lícito” (Mt 14, 4), que suscita problemas de conciencia en los pecadores y provoca indignación. Por eso, los buenos no son tolerados y son perseguidos, muchas veces, incluso por los más cercanos.
La paz concedida según el mundo significa dar rienda suelta a las pasiones. Se hace lo que se quiere, aunque sea pecado. ¡Qué importa! Esa es la falsa paz de la que hablaba el profeta: “deceperint populum meum dicentes: Pax, et non est pax —han extraviado a mi pueblo diciendo ‘¡Paz!’ y no había paz” (Ez 13, 10).
Por el contrario, enseña San Agustín,8 la verdadera paz es la tranquilidad en el orden. Así pues, la paz de alma sólo puede venir de la práctica de la virtud, la cual supone el combate a las tentaciones del demonio, del mundo y de la carne. No habrá un solo instante en que nuestras pasiones no nos soliciten el pecado y los apegos desordenados a tantas personas o cosas.
De esta forma, todo hombre tiene ante sí sólo dos caminos: vivir de la savia divina o de la savia del mundo. No existe otra hipótesis. He aquí el gran dilema de cada alma y de la Historia. Cuando, finalmente, la humanidad resuelva cooperar con la gracia de Dios y empiece a vivir exclusivamente de la savia divina, maravillas se obrarán, “como fruto de las grandes resurrecciones de alma de la que los pueblos también son susceptibles. Resurrecciones invencibles, porque no hay lo que derrote a un pueblo virtuoso y que verdaderamente ame a Dios”.

(Mons. João Scognamiglio Clá Dias, EP in “Lo inédito sobre los Evangelios” Tomo I,  Librería Editrice Vaticana)
Texto completo en:  Comentario al Evangelio –XIII Domingo del Tiempo Ordinario