
Mientras
que algunos sectores parecen insistir en explotar el sensacionalismo y
trivializar el mal, la Iglesia responde con formación, servicio y trascendencia.
Por DÉCIO FREIRE*
La institución Heraldos del Evangelio, fundada en Brasil y
presente actualmente con misiones en más de 60 países de Europa, Asia y África,
fue recientemente blanco de una miniserie difamatoria que busca atacar sus
orígenes, principios, creencias y prácticas religiosas, como si la libertad de
culto no fuera un derecho fundamental expresamente garantizado por la Constitución
brasileña.
En contraste con este escenario, resulta notable el
igualmente controvertido anuncio de la producción de un documental sobre Suzane
von Richthofen, condenada por el brutal asesinato de sus propios padres, un
crimen cometido con extrema violencia y motivos viles. Según informes, la
propuesta implicaría el pago de una suma considerable por los derechos de una
cuenta personal, lo que suscita un inevitable debate ético: ¿hasta qué punto
puede la explotación mediática de la tragedia convertirse en un producto de
consumo en este contexto, que a veces se asemeja a un inquietante retrato de la
inversión de valores? El domingo pasado —significativamente, Domingo de la
Divina Misericordia, que concluye la octava pascual— la Iglesia Católica ofreció
una respuesta silenciosa, pero elocuente.
En lo alto de la sierra de Cantareira, en la Basílica de
Nuestra Señora del Rosario de Caieiras (SP), 26 nuevos sacerdotes fueron
ordenados mediante la imposición de manos del obispo Raymundo Damasceno Assis.
Los ordenandos culminaron un largo y exigente curso de formación espiritual,
filosófica y teológica en la Sociedad Clerical Virgo Flos Carmeli, vinculada a
los Heraldos del Evangelio.
Procedentes de diversos países —entre ellos Brasil,
Portugal, España, Argentina, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Perú y El
Salvador—, los nuevos sacerdotes asumen ahora una misión integral: la
celebración de los sacramentos, la dirección espiritual, la predicación, la
formación de jóvenes y familias, así como el apoyo a las numerosas obras
apostólicas y sociales que mantiene la institución.
Entre estas iniciativas, destaca la labor en zonas de alta
vulnerabilidad social, como la parroquia Jesús Buen Pastor, ubicada en Cidade Estrutural, en el Distrito
Federal, una región que se desarrolló en las inmediaciones del antiguo
vertedero de Brasilia y que hoy alberga a aproximadamente 45.000 personas.
Allí, como en tantas otras zonas, la presencia de la Iglesia se traduce en
ayuda concreta, desarrollo humano y esperanza. En particular, la Asociación
Santa Clara, mantenida por los Heraldos del Evangelio en el sector de Santa
Luzia —una de las zonas más pobres de Cidade
Estrutural— ofrece refugio, alimentación, seguridad y educación a niños
expuestos a la pobreza extrema, contribuyendo así a la transformación de
realidades marcadas por la exclusión.
Mientras tanto, crece la preocupación mundial por los
fenómenos espirituales y culturales que desafían el equilibrio humano. El 13 de
marzo, la Asociación Internacional de Exorcistas alertó al Papa León XIV sobre
el aumento del ocultismo y los casos de posesión, un fenómeno atribuido, en
parte, a la difusión de este tipo de contenido en las redes sociales.
Ante este panorama, la ordenación de 26 nuevos sacerdotes
—la mayor desde 2005 en la institución— representa no solo un hito de
crecimiento interno, sino también una señal concreta de la vitalidad de la
Iglesia y su respuesta a los desafíos contemporáneos. Mientras ciertos sectores
parecen empeñados en explotar el sensacionalismo y trivializar el mal, la Iglesia
responde con formación, misión, servicio y trascendencia. Esta respuesta se
impone no con ruido, sino con coherencia; no con espectáculo, sino con
testimonio.
*Abogado, miembro de la Unión de Juristas Católicos de Río
de Janeiro y caballero de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén.
Fuente: A resposta da Igreja


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