viernes, 17 de abril de 2026

La respuesta de la Iglesia

 

Mientras que algunos sectores parecen insistir en explotar el sensacionalismo y trivializar el mal, la Iglesia responde con formación, servicio y trascendencia.
Por DÉCIO FREIRE*

La institución Heraldos del Evangelio, fundada en Brasil y presente actualmente con misiones en más de 60 países de Europa, Asia y África, fue recientemente blanco de una miniserie difamatoria que busca atacar sus orígenes, principios, creencias y prácticas religiosas, como si la libertad de culto no fuera un derecho fundamental expresamente garantizado por la Constitución brasileña.

En contraste con este escenario, resulta notable el igualmente controvertido anuncio de la producción de un documental sobre Suzane von Richthofen, condenada por el brutal asesinato de sus propios padres, un crimen cometido con extrema violencia y motivos viles. Según informes, la propuesta implicaría el pago de una suma considerable por los derechos de una cuenta personal, lo que suscita un inevitable debate ético: ¿hasta qué punto puede la explotación mediática de la tragedia convertirse en un producto de consumo en este contexto, que a veces se asemeja a un inquietante retrato de la inversión de valores? El domingo pasado —significativamente, Domingo de la Divina Misericordia, que concluye la octava pascual— la Iglesia Católica ofreció una respuesta silenciosa, pero elocuente.

En lo alto de la sierra de Cantareira, en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Caieiras (SP), 26 nuevos sacerdotes fueron ordenados mediante la imposición de manos del obispo Raymundo Damasceno Assis. Los ordenandos culminaron un largo y exigente curso de formación espiritual, filosófica y teológica en la Sociedad Clerical Virgo Flos Carmeli, vinculada a los Heraldos del Evangelio.

Procedentes de diversos países —entre ellos Brasil, Portugal, España, Argentina, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Perú y El Salvador—, los nuevos sacerdotes asumen ahora una misión integral: la celebración de los sacramentos, la dirección espiritual, la predicación, la formación de jóvenes y familias, así como el apoyo a las numerosas obras apostólicas y sociales que mantiene la institución.

Entre estas iniciativas, destaca la labor en zonas de alta vulnerabilidad social, como la parroquia Jesús Buen Pastor, ubicada en Cidade Estrutural, en el Distrito Federal, una región que se desarrolló en las inmediaciones del antiguo vertedero de Brasilia y que hoy alberga a aproximadamente 45.000 personas. Allí, como en tantas otras zonas, la presencia de la Iglesia se traduce en ayuda concreta, desarrollo humano y esperanza. En particular, la Asociación Santa Clara, mantenida por los Heraldos del Evangelio en el sector de Santa Luzia —una de las zonas más pobres de Cidade Estrutural— ofrece refugio, alimentación, seguridad y educación a niños expuestos a la pobreza extrema, contribuyendo así a la transformación de realidades marcadas por la exclusión.

Mientras tanto, crece la preocupación mundial por los fenómenos espirituales y culturales que desafían el equilibrio humano. El 13 de marzo, la Asociación Internacional de Exorcistas alertó al Papa León XIV sobre el aumento del ocultismo y los casos de posesión, un fenómeno atribuido, en parte, a la difusión de este tipo de contenido en las redes sociales.

Ante este panorama, la ordenación de 26 nuevos sacerdotes —la mayor desde 2005 en la institución— representa no solo un hito de crecimiento interno, sino también una señal concreta de la vitalidad de la Iglesia y su respuesta a los desafíos contemporáneos. Mientras ciertos sectores parecen empeñados en explotar el sensacionalismo y trivializar el mal, la Iglesia responde con formación, misión, servicio y trascendencia. Esta respuesta se impone no con ruido, sino con coherencia; no con espectáculo, sino con testimonio.

*Abogado, miembro de la Unión de Juristas Católicos de Río de Janeiro y caballero de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén.

Fuente: A resposta da Igreja

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