martes, 24 de agosto de 2021

“Los Papas malos”

La Iglesia no tiene miedo de su historia, llena de luces pero también de sombras.

Alejandro VI

La Iglesia no tiene miedo de su historia, llena de luces pero también de sombras. Se dice que esa seguridad en que es la Iglesia de Cristo a pesar de sus errores humanos, fue incentivo para que León XIII permitiera al mayor historiador de los Papas, Ludwig von Pastor, acceder al archivo secreto vaticano para sus investigaciones.

De hecho, cuando uno se adentra en las vidas, virtudes y también miserias de los Pontífices, no puede sino exclamar de gratitud por la asistencia del Espíritu Santo a su esposa mística, auxilio patente que subsana también las manchas de los sucesores del apóstol Pedro, que sí fue llamado por el Redentor de roca, pero a quien ya siendo Papa Jesús llegó a llamarlo en un momento de satanás.

Repasar rápidamente aquí algunos de esos capítulos oscuros de la antigüedad pontificia, no debe desanimarnos sino fortalecernos en la confianza, y en la certeza de que si las puertas del infierno no han prevalecido contra la Iglesia de Cristo, es porque nunca prevalecerán. Hablemos de algunos de esos casos.

Recordemos primero que la Iglesia se enorgullece de ostentar al mundo la vida de 80 papas santos.

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Uno de los períodos más oscuros de la historia del papado es la correspondiente a la influencia de Marozia de Spoleto (892-955), noble romana hija de un senador (aunque haya fuentes que afirmen que era hija del Papa Juan X, amante de su madre Teodora, quien lo hizo Papa solo para tenerlo cerca de ella). Marozia era amante del Papa Sergio III, de quien tuvo un hijo que luego hizo Papa, Juan XI. Juan XI anuló de forma dudosa el matrimonio de un rey de Italia, cuñado de Marozia, para que su propia madre se pudiera casar con éste.

Marozia es abuela de Juan XII, al que muchos recuerdan con el infame apelativo del ‘Papa Fornicario’: no se diga más. Juan XII sometió el papado a una injusta tutela del emperador del Sacro Imperio, pues ratificó la Constitutio Lotharii, que establecía que ningún papa sería consagrado como tal hasta que su elección fuese ratificada por el emperador. En su tiempo, el Palacio de Letrán más parecía un lupanar que otra cosa. Tuvo que huir de Roma, acusado de los peores vicios.

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Benedicto IX subió al trono porque su padre, el conde Alberico III, quien gobernaba de facto en Roma, sobornó a la curia romana para que nombraran a su hijo en tal alta dignidad. Fue Papa en tres períodos, de 1032 a 1044, en 1045, y de 1047 a 1048. En su primer periodo – en el que ya hacía ostensible su vida disoluta – tuvo que salir de Roma perseguido por el capitán Gerardo di Sasso. Pero habiendo regresado y expulsado al antiPapa que lo reemplazó, Silvestre III, vendió su cargo por 1.500 libras de oro al Arcipreste Juan de Graciano, que sería el Papa Gregorio VI. Benedicto IX vendió el cargo y renunció porque quería casarse… Luego se arrepiente de lo hecho, y trata de deponer al nuevo Papa Gregorio. Finalmente regresa, tras la muerte de Clemente II, y es aceptado por clero y pueblo para un tercer periodo, para evitar más tumultos.

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Tal vez el de malos ejemplos más conocido sea Rodrigo Borgia, que fue Papa con el nombre de Alejandro VI entre 1492 y 1503.

Sobrino de Calixto III, su tío le facilita el ascenso a Cardenal-diácono. Cuando asciende al solio de Pedro, ya se le conocían por lo menos siete hijos, cuatro de su amante Vannozza Cattanei, que fueron todos famosos. Vivía más para colocar en mejor posición a sus hijos que para gobernar la Iglesia.

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Pero los escándalos no fueron solo en materia moral. Está también el caso de Honorio, Papa que gobernó la Iglesia desde el año 625 al 638.

La herejía monotelita sostenía que solo había una voluntad en el Verbo Encarnado y “que las operaciones (actividades, energeiai) de Cristo no se han de distinguir en dos clases, la divina y la humana, sino que han de considerarse como las acciones ‘teándricas’ (divino-humanas) del único Cristo”. (Enciclopedia Católica)

Siguiendo al patriarca de Alejandría Sergio, Honorio “alaba a Sergio por eventualmente abandonar la nueva expresión ‘una operación’, pero desafortunadamente también concurre con él en que sería bueno evitar también ‘dos operaciones’”.

También Honorio se refirió a una sola voluntad en Cristo: “Por lo cual reconocemos una voluntad de nuestro Señor Jesucristo, pues evidentemente fue nuestra naturaleza y no el pecado en ella la que fue asumida por la Divinidad, es decir, la naturaleza que fue creada antes del pecado, no la naturaleza que fue viciada por el pecado”, afirmó en documento oficial, que entretanto no tenía el carácter de ex cathedra.

Honorio fue condenado por el concilio tercero de Constantinopla, condena que fue confirmada por concilios posteriores. León II, sucesor de Honorio, dice en carta al rey español Ervigio que Honorio “no extinguió la llama de la enseñanza herética en su comienzo, sino que la avivó con su negligencia”.

“Posteriormente el Papa Honorio fue incluido en las listas de herejes anatematizados por el Concilio in Trullo y por el séptimo y octavo concilios ecuménicos sin ningún comentario especial; también en el juramento tomado por cada nuevo Papa desde el siglo VIII hasta el XI en las siguientes palabras: ‘Junto con Honorio que añadió combustible a sus malvadas afirmaciones’ (Liber Diurnus, II, 9)”, nos recuerda la Enciclopedia Católica.

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“The Bad Popes” es el título dado a un libro más de divulgación que de investigación, de E.R Chamberlin, donde el autor incluye también en su relato historias de Papas que no fueron malos sino muy buenos.

Pero aunque el buen católico quiera siempre defender su Iglesia, esto no obsta a reconocer la realidad como es, y es que la promesa de Cristo a San Pedro no fue la de la santidad de todos los Papas.

Sin embargo a pesar de que la Iglesia haya tenido “Los Papas Malos”, ella sigue siendo el arca y canal de salvación, la maestra de la verdad, la esposa de Cristo, a la que el Espíritu Santo siempre sostiene, e incluso defiende, también de los malos pastores.

Por Carlos Castro

Fuente: Gaudium Press

Se autoriza su publicación citando la fuente.

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