Al escuchar la palabra “mártires” no deja de venir a nosotros el recuerdo de los primeros cristianos que derramaron su sangre, especialmente en Roma. La figura del Coliseo se presenta a nuestros ojos. Este enorme anfiteatro con su arena llena de bendiciones, escenario del martirio de tantos en la época de las persecuciones, sucesos siniestros, y al mismo tiempo magníficos.
