Escribe Padre
Fernando Gioia, EP*
“Este mundo en que vivimos tiene
necesidad de la belleza para no caer en la desesperanza”
Preocupaba
enormemente a los Pontífices contemporáneos la avalancha de secularismo que,
paso a paso, iba extendiéndose en todos los ambientes. Al mismo tiempo, no
dejaban de resaltar que percibían señales de un deseo interior, en las almas,
de volver a lo espiritual; una sed hacia las cosas trascendentes y divinas.
Juan Pablo II definía al secularismo como “un movimiento de ideas y costumbres que hace total abstracción de Dios”, que embriaga “por el consumo y el placer, sin preocuparse por el peligro de perder la propia alma” (Reconciliatio et Penitencia, 18).
Juan Pablo II definía al secularismo como “un movimiento de ideas y costumbres que hace total abstracción de Dios”, que embriaga “por el consumo y el placer, sin preocuparse por el peligro de perder la propia alma” (Reconciliatio et Penitencia, 18).
